La depredación trasladada a lo disruptivo La IA no beneficiará a nadie
Los efectos manifiestos de la captura del excedente de producción que permiten la automatización, los modelos de lenguaje y su adopción a marchas forzadas en el modelo económico son medibles en las cifras y en las carnes.
De la aceleración al agotamiento solo habrán pasado unos meses, con el punto de inflexión situado en el instante notable en que la inclusión de agentes en los IDE se convirtió en algo común, transformando al desarrollador medio en una fábrica vertical, con los valores temporales y cualitativos comprimidos por un factor de 10 a 100 unidades.
La industrialización de los medios de producción y su acaparamiento, como de costumbre desde que existe la industria, se ha acompañado de un dumping social inédito en la medida en que golpea a una nueva subclase de trabajadores.
Se acabó el tiempo, sin embargo tan cercano, en que el desarrollador "10x" dictaba sus reglas y su salario. Ha quedado reducido al silencio, superado sin esfuerzo por otro menos exigente con la calidad de lo que produce, que accede a la menor petición, potencialmente mal formulada, simple relé-multiplicador de exigencias "producto" imaginadas a la carrera sin ninguna ética ni siquiera consideración por la seguridad, la deuda técnica o la ética ambiental. Porque todos estos aspectos se ven afectados, a escalas de las que probablemente nadie quiere tomar la medida. Y sin embargo, medida hay.
La tendencia sería, pues, a empujar los límites de la sostenibilidad apoyándonos en una capacidad de producción siempre existente y creciente. Pero, ¿qué producimos exactamente? ¿Hacia dónde tiende esta aceleración? Porque si todo vector tiene un punto de partida, una dirección y una fuerza, la ecuación es hoy incierta, ya que no poseemos todas sus variables. Observemos lo observable y elaboremos algunas proyecciones.
Fuentes OptimaEurope
A juzgar por los análisis, el escenario racional tendería hacia estas conclusiones: Evidencia de una inflexión estructural del mercado de desarrolladores europeo tras una fase de progresión salarial ligada a la tensión tecnológica hasta 2022: las remuneraciones junior entran en una lógica de meseta, o incluso de ligera erosión en términos reales, en torno a 40-42 k€ brutos anuales:
- combinación de una ralentización de las contrataciones
- una oferta junior abundante y la automatización progresiva de las tareas de entrada por las herramientas de IA.
A la inversa, los perfiles senior conservarían una trayectoria alcista moderada, del orden de 60 k€ hoy hacia unos 67 k€ de aquí a 2036 en el escenario central, porque el valor se desplazaría hacia la capacidad de encuadrar, asegurar, integrar y entregar sistemas complejos.
Para una DSI, el mensaje operativo debería ser claro: no reducir mecánicamente las plantillas de desarrolladores, sino reconfigurar la pirámide de competencias, limitando las contrataciones junior no aumentadas, acelerando su autonomía mediante la IA y asegurando los perfiles senior capaces de orquestar las arquitecturas, la calidad del software y la productividad de los equipos dotados de herramientas.
Ahora bien, la constatación que ya puede hacerse en las dinámicas de fricción entre el ejecutivo y el operativo (en particular RR. HH.) es que ese equilibrio y esa dosificación de competencias no se respetan y que la presión sobre los equipos de desarrollo y el mercado laboral ya está en su paroxismo, mientras que, al mismo tiempo, las capacidades de encuadre son cortocircuitadas por direcciones tan tacañas con su tiempo como con sus presupuestos y que se sueñan omnipotentes, pues ellas también están dopadas con inteligencia sintética. Desconexión.
Lo atestiguan la profusión de perfiles senior que apenas encuentran misiones, la imposibilidad de los junior de acceder al mercado laboral en condiciones soportables, la inflación de productos a medio terminar y las fallas estructurales de seguridad que proliferan.
Del lado del producto, se crea desechable, se pone en producción al instante, se apuesta por 100 proyectos para retener solo uno rentable. Pura lógica capitalista que deja tras de sí un rastro de polvo y bilis, porque la confianza se erosiona más rápido de lo que se adquiere.
Cualitativamente, varios escollos han venido a destrozar la trayectoria soñada del vibe-coder en trance; La seguridad, acabamos de verlo, la confianza erosionada, el salario que no acompaña, pero sobre todo, y esto es lo que debería inquietar a las DSI, la inestabilidad de la supply chain de IA.
Entre la tasa de alucinación fluctuante pero nunca nula de GPT 5.X, los cortes de tokens en Anthropic, que hace topar sus infraestructuras bajo la presión de una demanda insaciable, el coste estratosférico del portado on-premise, que adelgaza a los pocos actores que tienen medios para acceder a él (cuando encuentran y aceptan pagar a los ingenieros para desarrollar la infraestructura), y el atractivo cada vez mayor de los brókers asiáticos al precio del sacrificio de toda forma de soberanía y de gobernanza real, resulta difícil navegar y sentar las bases de un modelo perenne y de tamaño industrial.
Incluso los actores públicos, que son sin embargo aquellos a los que deberíamos recurrir cuando se trata de planificar y garantizar la seguridad, no han sabido encontrar el ritmo y se dispersan entre declaraciones tranquilizadoras pero sin fundamento en acción alguna, iniciativas confusas y reorganización permanente.
Energéticamente es lo desconocido. Conocemos el apetito de las infraestructuras, medimos nuestra fragilidad ante los precios de la energía y su rarefacción (guerra, recursos, márgenes absurdos, actores desregulados), pero eludimos la cuestión de la manera más irresponsable, aplazando para mañana lo que debería haberse emprendido hace 20 años. Ninguna visibilidad ni señal de inversión en lo que constituyó en su día la punta de lanza industrial francesa, en concreto su capacidad nuclear civil.
Según las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía, el consumo mundial de electricidad de estas infraestructuras debería más que duplicarse de aquí a 2030, hasta alcanzar unos 945 TWh, es decir, aproximadamente el consumo actual de Japón., L'Usine Nouvelle, 2025
¡Pero no hay duda de que Bruno Lemaire tiene una respuesta fuera de lugar sobre la cuestión!
Al término de este análisis, una conclusión se impone en toda su sequedad: la inteligencia artificial, tal como se despliega hoy, no enriquece a nuestras sociedades, las empobrece. Empobrecimiento primero del valor económico, ahogado bajo un flujo de contenidos y servicios automatizados que a menudo solo valen por el ruido que generan. Cuando la producción se hace sin esfuerzo, sin escasez y sin anclaje en un saber hacer humano, el precio tiende a cero y el intercambio pierde su sentido. La economía de la creación se deshace en una puja hacia la mediocridad, donde la abundancia oculta una pérdida neta de valor para la mayoría.
A ello se añade una inflación del código tan espectacular como inquietante: sistemas cada vez más obeses, escritos o generados en una lógica de saturación, donde lo esencial se diluye en capas de abstracciones inútiles. Este código no construye un futuro más sobrio o más eficaz; sobrecarga nuestras infraestructuras, agota nuestros recursos y hace que nuestras herramientas sean cada vez más opacas, incluso para quienes las producen.
Pero el síntoma más grave es sin duda la desconexión de lo real. La IA nos encierra en un bucle autorreferencial, donde los modelos se entrenan con sus propios artefactos, donde la lengua se estandariza, donde las decisiones se toman a partir de correlaciones desarraigadas de toda experiencia sensible. No es el mundo lo que la máquina modeliza, es una caricatura estadística del mundo, poco a poco confundida con lo real mismo.
Desde entonces, ¿quién se beneficia verdaderamente de esta huida hacia adelante? Ni los trabajadores, cuyas competencias se devalúan antes de ser capturadas. Ni los ciudadanos, confrontados a un entorno informacional cada vez más tóxico. Ni siquiera las empresas, atrapadas en una carrera armamentística tecnológica donde la ventaja competitiva se evapora en cuanto se adquiere. La IA no beneficiará a nadie, salvo a un sistema que se alimenta de su propia expansión mientras erosiona las bases materiales, económicas y cognitivas de la vida común. La urgencia ya no es acelerar, sino recuperar el equilibrio.
Este artículo ha sido escrito por un humano, asistido por algunas herramientas informáticas. No al revés.
JAS para 199A Consulting, mayo de 2026
